martes, 9 de julio de 2013

Felices con tan poco e infelices con demasiado






Entre muchas cosas que me impresionaron de mi paso por la hermosa Cartagena de Indias, fue la de ver un grupo de chicos jugando de la manera más placentera con una botella de gaseosa descartable o no retornable.


Como era habitual mi caminata por la playa en las mañanas antes de ir a dictar los talleres, lo hice aquel día, al lado de mi mega gerente de Cartagena, después de 20 minutos de caminata y llegando a la boquilla, nos detenemos a ver unos chicos de un colegio divertirse por unos cuantos minutos, jugaban en unos arquitos de fútbol montados en la playa, eran viejos, con pintura acabada, pero con la magia indescriptible de la pasión del fútbol; la pelota era una botella de gaseosa familiar como pueden ver en la foto, que nunca fue impedimento para hacer buenas jugadas, claros pases de profundidad y lo más emocionante -los alucinantes gritos de gol-.


Yo creo que todos estos nenes se sentían en ese momento jugando en el Olímpico de Roma, en el monumental de River, Morumbi de San Pablo, en fin, en la mejor cancha del mundo y con la pelota más oficial jamás diseñada.


Después de disfrutar del juego, de la alegría que contagiaba de estos chiquilines, me siento por unos minutos a analizar y hablar con Marcela de la situación. Nos dimos cuenta de lo desagradecidos que podemos ser en la vida los seres humanos, que teniendo tantas cosas, nos quedamos lloriqueando por lo poco que nos resta por conseguir. Es así como desperdiciamos momentos maravillosos en nuestro paso por este mundo, viviendo la vida de otros, los sueños de otros y en la algunos casos la envidia de cada una de las situaciones antes mencionada.


Muchas personas tienen todo el dinero del mundo y no son tan felices como estos nenes, no disfrutan la vida tanto como ellos y lo mejor de todo, ni le dan el valor a las cosas que lo merecen. Si no me cree, le invito a que intente quitarles esa botella para que vean como la van a defender, es su tesoro, mientras que para muchos de nosotros no sería más que basura.


Muchos somos millonarios, pero no por el dinero, sino millonarios en bendiciones que Dios nos dio, por las familias hermosas que nos miman, por esos amigos verdaderos que darían la vida por nosotros, por la capacidad de aprender, hablar, pensar, movernos, escribir, oír, reír, llorar, abrazar, sentir, soñar y millones de cosas más. Entonces como diría Steve Jobs: “Viva su vida como si fuera el último día de vida, que capaz algún día tendrá razón”.


Viva el hoy, deje de quedarse en lo pequeño, en lo básico, disfrute y dele valor a lo que en verdad debe darle valor, deje los rencores, las envidias, los malos recuerdos, las prevenciones, en fin, todo lo que no lo deje ser feliz. ¿En verdad no quiere cambiar? Sea feliz con todo lo que tiene y no infeliz con lo poco que le falta, analícelo profundamente y verá que tengo toda la razón. Entonces manos a la obra y a cambiar, el primer paso podría ser, llamar a ese ser querido que hace mucho no le recuerda que lo quiere y hacérselo saber, no basta con que esa persona suponga que usted lo quiere, es hora de decírselo y mejor aún demostrárselo. ¡¡¡Confío en usted, no me falle!!!


Como nos interesa bastante su opinión y brindar temas de interés, le invitamos a escribirnos, a seguir dándonos sus opiniones y a proponer temas para que sean desarrollados por nuestro equipo creativo y de investigación, al correo mercadeo@sowhat.com.ar.


De esta manera concluye nuestra editorial, la cual no podría cerrarse sin reiterar mi agradecimiento por leernos y darnos sus opiniones. Se despide su amigo,


Héctor Jiménez Rodríguez.

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