martes, 1 de octubre de 2013

¿Para qué diplomas?






¿Para qué diplomas?

Alguna vez en el Twitter de nuestra empresa escribí lo siguiente: “¡Como la vida no puede crear tantos genios lo contrarresta con diplomas universitarios que hace que gente común se sientan como si lo fuera! Fuerte, mordaz, pero al mismo tiempo real.


Me causa una absoluta gracia ver cuando en grupos de amigos, se presentan y se restriegan en la cara cuanto diploma, titulo, profesión, especialización, curso, maestría, doctorado han podido hacer. Pareciera que esta situación hace que se sientan más seguros y con base en lo mismo, puedan disimular miedos, frustraciones, resentimientos de su vida.


Se nos ha mal vendido la idea, que solo las personas con títulos o diplomas son importantes en esta sociedad; por eso lo invito a que por un momento, se coloque a pensar acerca de aquellos seres humanos aparentemente sin valor por su trabajo y falta de estudios, que terminan siendo mucho más importantes que tanto diploma andante que nos cruzamos día a día en nuestras vidas. Piense que como sería la seguridad de donde usted vive, si no contara con los servicios de vigilancia. Más fácil aún, que sería de las ciudades sin las personas que hacen la recolección de la basura y su posterior reciclamiento… ellos sí que son vitales, insustituibles y profesionales en realidad.


De ahí me surge la idea de ¿Para qué diplomas? Sí no es para ser gente útil a esta sociedad. ¿Será que sirven los diplomas o los títulos universitarios para los genios de la ciencia que inventan armas químicas, bombas atómicas, misiles de destrucción masiva? Sí usted lo analiza, esta gente debe haber pasado muchos años de su vida estudiando, probando, desarrollando y obteniendo como producto final lo antes mencionado. ¿Valió la pena?


Ahora analicemos a nuestros políticos; los aparentemente padres de la patria, todos están llenos de diplomas, títulos, cartones universitarios… reales o comprados pero llenos de los mismos, que poco o nada le sirven a un continente que cada vez es más violento, corrupto, pobre, desigual, atrasado, corto placista y con menos oportunidades al acceso a esa educación superior de la que ellos hacen alarde.


No puedo entender como en este nuevo siglo la gente aún te saluda, es tu amigo, pareja, decide o revoca el derecho entablar cualquier vinculo con vos, únicamente porque tienes o no un título universitario; ¡Pero ojo! solo universitario porque técnico no les sirve… risible, deprimente y desconcertante.


Son de terror los que se hacen llamar doctores a toda costa o te corrigen sí por error en algún momento les dijiste señor o le llamaste por su nombre. Para ellos les dejo esta reflexión: “Para ser doctor te puedes tardar de 5 a 10 años, para ser señor toda una vida”.


En mi trabajo he aprendido mucho de las universidades, a las cuales les agradezco, pero muchísimo más he aprendido del empresario PYME, que estudio hasta 8 grado de educación básica, el domiciliario, vigilante, el cocinero empírico, que tiene la receta perfecta en sus manos, su corazón y no en sus libros. Hablando de este último, es decir el personal de cocina, mesa y bar, valoro absolutamente a los técnicos, que en el caso de Colombia país desde donde escribo el día de hoy, se gradúan de una entidad gubernamental llamada el SENA, que son los mejor capacitados, guerreros, apasionados, comprometidos y todo terreno.


Los seres humanos se miden por lo que tienen en su corazón, en su pasión y entrega a la hora de hacer las cosas, la ética, lealtad, deseos de superación y no simplemente por un papel. Dejemos ya la cultura del “tugurio”, es decir vivir entre cartones. Son más importantes las personas que los papeles y recuerde: “Con la pasión encontrará los títulos, pero con los títulos no encontrará la pasión”. De igual forma no quite de su pensamiento que profesional no es el que cuelga de manera decorativa un diploma, sino el que profesa lo que hace.


Esta muy bien el estudiar y capacitarse cada día más, pero por superación personal, por querer siempre tener mejores conocimientos, por nosotros mismos, pero no, para que eso nos de estatus o sea el camuflaje de nuestras debilidades.


Con lo anterior no quiero generalizar ni desconocer el trabajo altamente calificado de muchas universidades o profesionales íntegros que día a día dejan lo mejor de sí para construir cada vez más; simplemente es para invitar a hacernos un examen de conciencia, una evaluación del por qué estudiamos y para qué lo hacemos y con base en esto en verdad optimizar los esfuerzos, las capacidades, valores y herramientas que nos pueden brindar las instituciones para llegar por fin una sociedad más justa, cero discriminadora e igualitaria.


Como nos interesa bastante su opinión y brindar temas de interés, le invitamos a escribirnos, a seguir dándonos sus opiniones y a proponer temas para que sean desarrollados por nuestro equipo creativo y de investigación, al correo mercadeo@sowhat.com.ar.


De esta manera concluye nuestra editorial, la cual no podría cerrarse sin reiterar mi agradecimiento por leernos y darnos sus opiniones. Se despide su amigo,


Héctor Jiménez Rodríguez.

Síganos en Twitter:
@sowhatcolombia
@chesitoJR


No hay comentarios:

Publicar un comentario